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“Dadme el control del dinero y no importará quién haga sus leyes”
Baron M.A. Rothschild

 

La gripe me ha visitado, debo decir que, aunque no ha sido agradable, no se ha cebado demasiado conmigo, eso sí, por unos días no me ha permitido teclear ni mi nombre, para descanso seguro del lector. Hoy he vuelto a la carga en plena resaca de lo que los italianos llaman la influenza. Me gusto el modo en el que la denominan y me sirve para afirmar que todo el modelo de la globalización transita de la influenza al colapso respiratorio.

Los bancos centrales y su influenza.

Qué diría el lector si le digo que el Banco Central de Rusia es privado y sus propietarios mayoritarios coinciden en gran medida con los de la Reserva Federal.

Hace unos meses el Presidente Ruso estuvo valorando su nacionalización.

 

La Reserva Federal también está fuera del control político y gubernamental. Sus socios, llamados accionistas institucionales, son:  Bank of America, JP Morgan Chase, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Wells Fargo y Citigroupé.

El ciudadano de a pie desconoce que la producción de dinero alejada ya del patrón oro, depende de la decisión de esos Bancos Centrales que, al mismos tiempo, se mueven con absoluta libertad.

En otras palabras la expresión “dale a la maquinita” no está tan lejos de la realidad para unos pocos. Las políticas monetarias enriquecen a unos pocos sin que respondan a patrón alguno de actividad económica.

Mientras las grandes fortunas crecen y crecen prácticamente sin incrementar su actividad económica real, especulando sin medida y comprando economías bajo la deuda, los ciudadanos de este siglo asisten a un fenómeno inusual. De seguir así las cosas será la primera generación que sus hijos no mejoran los patrones de calidad de vida de sus padres.

El neoliberalismo ha elevado el suflé al máximo, el dinero que fluye no responde a nada, es solo papel.

Nos acercamos a tiempos trágicos, donde al margen de Trump, con Trump, con Putin o sin Putin, el suflé sube y sube. Hace unos meses Rusia compró la mayor cantidad de oro que desde hace décadas se recuerda, también lo hace China. Alemania ha repatriado todo el oro en el exterior, la lista de empresarios, corporaciones compradoras de metal es inmensa. Mientras tengo la sensación, en medio de esta gripe, que nos entretienen con Trump, nunca fue mala táctica elegir entre lo malo y lo peor. Pero cuando las derechas neoliberales, las corporaciones mediáticas, la CNN, aquella de la transmisión en directo de la Guerra de Irak, dan lecciones de ética y me dan un monigote para que le pegue, no me lo trago.

Esta maniobra distractora podría llevar a pensar a la ciudadanía mundial que no estamos tan mal con la globalización, que tampoco son tan sangrantes las desigualdades actuales y que, atemorizados por la ultraderecha, mejor derecha neoliberal.

Nada huele bien, aunque quizás he perdido el olfato, pero todo el sistema mediático internacional con el mismo enfoque despierta mi alerta.

Yo no les invito a agriparse, pero sí a ver como nos han instalado de nuevo en su partida, Trump sí, Trump no. Me parece una trampa.

Mientras diletamos sobre ello el suflé sigue creciendo y nos perdemos en el que simbólicamente tiene el poder. Miremos a la Reserva Federal y las corporaciones, ahí está el poder. Mantengámonos atentos pero no olvidemos que la constitución americana es un intricado mapa de controles de unos poderes sobre otros.

Y sobre todo, estemos en las islas en el tiempo que nos toca vivir. La soberanía en todos los ámbitos, la dirección y control de los servicios básicos, la búsqueda de economías de escala que tengan correspondencia con el desarrollo de las sociedades y las comunidades es esencial.

Hemos visto a los políticos canarios en FITUR como nuevos ricos, convencidos de iniciar otra oleada constructiva. Pero para qué. Dice la prensa hoy:

Los contratos de menos de una semana baten un nuevo record en Canarias.

La economía debe estar al servicio de las sociedades, de las personas. En Canarias, como en toda colonia, pura actividad extractiva.

En otras palabras, más cemento, más Ley del Suelo, para enriquecer a otros y hacer a nuestra gente más precaria y dependiente.

En África, a 22 de enero del año del Caos.

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