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miedo

El miedo es algo más que una reacción temporal, un sistema de alerta del ser humano, el miedo anticipa el desastre, es una respuesta psicoemocional, pero el miedo, el miedo en la colonia se ha quedado a vivir en cada uno de nosotros y nosotras, ya forma parte de lo cotidiano, de cada acción que no realizamos.

Mi abuelo vivió en una sociedad en que el miedo era una herramienta común del poder, mi padre lo padeció durante los años de férrea dictadura en las Españas y sus colonias, tras su término, sin quebrar todos su temores, paladeaba los hilitos de libertad que la escuálida democracia de las Españas, que no nuestra, pues no hay democracia sin la libertad legítima de nuestro pueblo, nos cedía.

Sin embargo, desde que tengo uso de razón, recuerdo miedos, miedos de mis abuelos, incluso de mi bisabuela. Temas y motivos de conversación vetados, miedo a la autoridad,miedo al infierno, a Dios, miedo a los guardias de asalto, a los grises, a algunos, muchos funcionarios, miedo generalizado, pero con todo era un miedo que se mostraba valiente en las peores condiciones, audaz. Arranques de dignidad, de orgullo, búsqueda de espacios de liberada, lucha incasable por ella. Eran miedos que te detenían, pero no te paralizaban.Miedos que la inteligencia combatía y pelaba.

En la actualidad, probablemente, en un entorno de menor riesgo físico, pues el medio de mis abuelos, de mi padre y madre, hasta el mío, también era un miedo al daño físico, al dolor y al sufrimiento, a la pérdida de la vida, a la represión brutal, en la actualidad, repito, el miedo es mucho más eficaz como arma del poder.

Miedo en todos los ámbitos, miedo de los intelectuales y  a ser aislados, a no gozar de su minuto de gloria, miedo a ser excluido, a no ser aceptado por el círculo académico de la Españas. El miedo de la inteligencia en la colonia es el miedo más escandaloso, más vergonzante. Es un miedo egoísta e insolidario, un miedo que hace que se huya del compromiso con la comunidad, con nuestro país, es miedo que te hace callar para no ser incomodo a ver si llega algún galardón institucional.

También están los que simulan no tener miedo, estos esperan que haya un tsunami para cubrirse entre muchos, en medio de la ola son y se muestran radicales, cuando la manta de agua desaparece, no queda nadie debajo.

Y están los más, los muchos, los que cada día tiene miedo a ser desposeídos, muchos, de lo poco, miedo a perder su pequeño estatus de jefe de casi nada, miedo a perder su trabajo, su casa, su ayuda, su desempleo, su pensión, miedo a un  improvisto, miedo que doblega a casi todos, que hace que en  una aparte te digan que razón tienes, pero que hasta un “me gusta”  a cualquier publicación  rebelde no institucional, les de miedo.

En la colonia el miedo es una cepa de virus que se perfecciona, que toma nuevas formas y colores, pero cada vez es más intenso y arraigado.

Pero yo no miro a los más, miro a la supuesta inteligencia de estas islas, achicada y diminuta, dispuesta hasta a dejarse robar sus universidades con tal de mantener su pequeño status, tan diminuto, que no dará para rotular una calle, ni callejón. Tanto miedo que los más mediocres los tiene acongojados, paralizados. Miedos y miedos. Si los que deben ejercer su rol no lo hacen de diferencia intelectual en la colonia, que les piden a los demás, a los más. El desahucio en alguna institución ha comenzado, ahora entenderán a los más.

En África, a 21 de Noviembre de Sin Tino.

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