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“Cuando expulsamos al pasado por la ventana, no tarda en regresar por la puerta principal, disfrazado de las más extrañas maneras. Las guerras contra la memoria son perdidas, al cabo, por quienes las emprenden.” (En esto creo. Carlos Fuentes)

En una conferencia en Carolina del Sur, el 27 de agosto pasado, Trump dijo: “Yo solo los traigo a la era moderna“. De hecho, el eslogan de su campaña es “Hacer una América grande otra vez”.

En un artículo del 18 de agosto pasado, Pascal Beltrán del Río, director editorial del diario mexicano Excélsior, hace un parangón entre Trump y el populismo, del cual dice que “suele aparecer de la mano de un líder carismático, que dice cosas estridentes para montarse en las olas de la inconformidad social. Y es frecuente que ese líder haya sido un político tradicional o miembro de la élite económica, que se reinventa a sí mismo como salvador del pueblo”. Trump encaja en ese perfil cuando en su discurso se desvincula de lo que considera como “políticos que son todo palabrería”. Añado Montoya también.

Montoya afirma:

“No es mi objetivo la politización de la Universidad. Somos sencillamente universitarios comprometidos con la ULPGC y la sociedad canaria.”

“Me niego a ser un actor pasivo frente al clima de desánimo que cunde en todos los colectivos de nuestra Universidad.”

Sinceramente estos días transcurridos han incrementado mi preocupación, los rasgos y las características de esta candidatura son los mismos que los del populismo más letal y ultraconservador.

Los rasgos que  significan la campaña del “carismático Montoya” son los siguientes:

El líder protagoniza de forma destacada y unipersonal toda la campaña. Fíjese el lector en las imágenes, fotografías de campaña, siempre lo muestran con los equipos o las personas como escenario, una especie de corifeo, pero el candidato siempre destacado y en lugar predominante, normalmente aislado del resto que aparece en perspectiva. Él siempre por delante.

  • Jamás utiliza el nosotros siempre el yo. El proyecto es su proyecto, los demás son sus apóstoles.
  • Promete un nuevo mundo, mientras insiste en la decadencia del anterior y en el desánimo de las masas. Él es la solución a todo, él es el cambio.
  • Utiliza el desencuentro de los ciudadanos de la política. Por ello insiste que nada tiene que ver con la política, mientras hace política en toda su amplitud.
  • Intenta fijar Montoya, ilusión y revivir. Cualquier mente medianamente lúcida sólo puede encontrar nada en esa expresión. ¿Qúe es revivir la ilusión? ¿Cómo se gestiona la ilusión? ¿Cómo se logra?

Es el mayor de los nihilismos. Vende nada, un estado emocional transitorio, difícilmente evaluable.

Pero permítanme el lector analizar varias estrategias de su campaña:

  1. Parece competir con Regidor, todas sus críticas se dirigen a destrozar la gestión de todos los rectores y equipos anteriores, de tal manera que insulta y mancilla la historia de esta universidad.

¿Cuál es su objetivo?

Mostrarse como el redentor, como el salvador del caos, el enviado de los dioses, en la tónica del populismo más burdo y simplista.

  1. Compite con Regidor que no es candidato y no le responde, le beneficia, lo sitúa como el régimen corrupto que él va a sanar, todo ello desde la más absoluta iniquidad, sin un solo dato, insinuando y no demostrando, pero al tiempo establece una falsa relación entre la candidatura de Robayna, la mejor colocada y el antiguo régimen que, curiosamente  la mejor expresión de lo casposo es Montoya, pura naftalina.
  2. La tercera candidatura en discordia, a estas alturas se podría pensar que la segunda bis de Montoya, lejos de tener una actitud consecuente como la del candidato que presentaban, desembarcaba en otro programa y otra candidatura, sin pestañear.  Y entonces para qué esa candidatura si tanto nivel de acuerdo y coincidencia había. O estaba ya previsto?
  3. El carácter unipersonal y autoritario Montoya le lleva a fichar a una parte de la otra candidatura con una negociación que desconocen los miembros de la suya. Algunos de ellos aún creen que van a ser vicerrectores. Juan Ruiz Alzola , hombre consecuente e inteligente, intuye la maniobra y abandona la candidatura, él mismo dice ”abriendo paso la incorporación de otras personas”, así justifica el abandono.
  4. Hechos como la manipulación de los resultados durante una semana, actos como el de la concentración a lo Perón por el cambio, términos confusos, como unidos por el cambio, que parece acercarse a algunas formulaciones de izquierdas populistas, muestran a un Montoya dispuesto a ganar como sea.
  5. La campaña  ha sido de tal bajeza moral que los padrinos de las promociones de algunas carreras se han dirigidos a los alumnos por los grupos de wassap para pedir sin ambages el voto a Montoya, aprovechando la relación afectiva con sus alumnos y el respeto que le profesan.¿Estas son las personas que quieren ustedes que dirijan la universidad?

Demagogia trivial.

Qué nadie se lamente. Qué nadie se dé por engañado. El que vote a Montoya sabe que vota a un líder populista conservador, que vende aspiradoras a domicilio, las tiene de todos los tipos y precios, pero no hay ninguna en existencia.

El objetivo del cambio es el mismo, empieza en él y termina en él. Todos aquellos que lo voten que sepan que votan su proyecto personal. No hay nada más. Votan a un candidato conservador, populista y redentorista.  Un falso mesías venido de otras tierras para traer la ciencia y la civilización a estas islas remotas, a evangelizar a los herejes.

Como afirma Carlos Fuentes: “Cuando expulsamos al pasado por la ventana, no tarda en regresar por la puerta principal, añado, de la ULPGC.

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