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A veces la colonia permite adoptar una mirada distinta de la que predomina hoy en los medios y las redes.  Estar fuera de foco o del foco, ayuda, más cuando recepcionamos las contradicciones del sistema amplificada, con estruendo. Cada crisis, cada estado crítico internacional nos afecta por las características específicas de nuestras estructura socioeconómico,  pero también por la ausencia de la necesaria soberanía como estado para enfrentarlo y por la dependencia de una metrópoli, sumamente inoperante.

¿Qué interpretación tiene la elección de Donald Trump?

Es sencillo elaborar un inventario de todas las diferencias con lo expuesto por el candidato en campaña, pero es necesario hacer una reflexión más intensa de por qué  las clases medias y trabajadores de los países occidentales muestran su adhesión a este tipo de fenómenos políticos, qué hilo conductor tienen los discursos políticos y qué lectura podemos hacer desde la colonia.

Aporto cuatro ideas-motivos para la interpretación de lo sucedido esta madrugada.

  1. El final de estado del bienestar.

Tras la Segunda Guerra Mundial se producen avances sociales de grandes dimensiones en Europa y EEUU, dejemos al margen la metrópoli que, para desgracia de ellos y nuestra, lleva siglos contra el progreso y la historia. Estos avances conforman lo que se definiría como Estado del Bienestar. Todavía recuerdo como escuchaba a los mayores decir: “Lo gana muy bien trabaja para los americanos, tiene derecho a…, le pagan…” también se hacia el mismo comentario de otros países europeos.

Este estado de cosas sostenido también por la existencia del bloque de países de la órbita de URSS, el auge del comunismo y el sindicalismo, hizo posible su sostenimiento durante un amplio periodo histórico del estado del Bienestar, que congelaba las inquietudes revolucionarias.

La ambición desmedida y voraz del capital transnacional, fuera de control de todo gobierno y poder político, las propias crisis que este tipo desarrollo económico sin regla alguna ha generado, la práctica desaparición de muchas de las ventajas sociales de las que gozaban las clases medias y trabajadoras, ha lapidado el Estado del Bienestar.

  1. La globalización de la miseria.

La realidad es que la globalización ha conducido y obligado a las clases trabajadores a entrar en competencia salvaje en un mercado global. Dos son las consecuencias:

  • Una bajada importante de los salarios a nivel mundial.
  • La sobreprotección de las elites en un mundo donde los capitales se mueven sin control y con total libertad.

 

  1. Desaparición progresiva del libre mercado.

La alta concentración de los sectores económicos en muy pocas empresas. En EEUU preocupa sobremanera el ascenso de los oligopolios en muchas de las actividades económicas. Este proceso ha conllevado en la práctica la vulneración de las leyes esenciales del libre de mercado, ha minado por dentro el sistema capitalista y su esencia.

Este hecho también ha generado que determinadas franjas de pequeños y medianos empresarios también han entrado en contradicción con el modelo, no solo de trabajadores y clase media.

  1. Absoluta pérdida de credibilidad de las instituciones.

Las sociedades occidentales han perdido toda confianza en las instituciones, en los gobernantes, en los bancos, en las corporaciones, en sindicatos y partidos.

Los modelos de participación, de representación y de decisión están totalmente desfasados y no cuentan con el respeto y la aceptación de la ciudadanía.

Además se tiene la conciencia imprecisa de que en realidad los dirigentes políticos no ostentan el poder, que el poder se concentra en el capital transnacional.

  1. Reafirmación en las soberanías nacionales.

Como efecto de todo lo anterior consciente o inconscientemente se produce un retorno contario a la globalización que consiste en la recuperación de las soberanías entregadas a los poderes económicos.

Téngase en cuenta que dos candidatos han formulado posiciones contrarias a la globalización. Trump, desde el patriotismo y la xenofobia, las críticas a las grandes corporaciones y sus vinculaciones con el poder político, ya sea como argucia electoral o no; y por otro lado, Bernie Sanders, desde un enfoque mucho más sólido y comprometido con lo social.

En estas circunstancias, el reclamo de las soberanías nacionales y del ejercicio de la soberanía en lo económico y social por los poderes políticos es un reclamo en todo occidente, que sufre el auge de las ultraderechas patrióticas y xenófobas. Es esencial que sepan transformar todas estas fuerzas incontroladas y espontaneas en movimientos para el progreso y evitar el escoramiento de las clases trabajadoras y medias en enfoque ultraderechistas, un tumor de grandes proporciones se ha instalado en Occidente, que repite y que puede tener, como en el pasado, consecuencias mundiales irreversibles y trágicas.

En la colonia, es urgente la conquista de la soberanía que permita el control social y político del  desarrollo económico y una sociedad equitativa y redistributiva.  Sin entrar en detalles baste recordar los escasos efectos que los crecimientos de PIB en Canarias han producido en las condiciones de vida de nuestros ciudadanos. El movimiento para la descolonización debe ser el antídoto a los aires occidentales de ascenso de las ultraderechas, desde el carácter democrático que siempre ha inspirado el movimiento por la Independencia.

En África, a nueve de Noviembre de Sin Tino.

 

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