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La teoría de la inacción activa

 

El ecosistema colonial permite que habiten todo tipo de organismos intelectuales que se adaptan con facilidad al medio, cuya supervivencia se sustenta en la inactividad activa.

¿Es posible la inactividad activa? Pues en este ecosistema se puede afirmar que sí.

Para ello es necesario que el muerto viviente actúe de la siguiente manera:

  • Afirmar sus convicciones en privado o en grupos reducidos, como máximo hacerlo en Facebook, en una explosión de radicalismo.
  • Alentar el movimiento, pero si se produce, erosionarlo. Puede quedar patente que el muerto viviente no se mueve y podría ser devorado por los días y las horas.
  • Rodearse de un pequeño círculo de devotos que alienten su inacción, predispuestos a sufrir la cólera que produce la quietud morbosa.
  • Explicar a todos, siempre con léxico encriptado, supuestas instrucciones que son sonidos articulados que, unidos, no permiten la complicidad de significante y significado.
  • Alentar cualquier rumor o falacia que sirva para justificar su parálisis y visión eurocéntrica en las formas, estilo y formato parisino, además de condimentos de radicalismo grafitero y aditamentos de recetas amarillentas de alguna revista moral del Vaticano
  • Extremar el afecto y la entrega a cualquier causa lejana, que por lejana, justifica su no presencia, de tal manera que su dedicación no quede en cuestión.
  • Mantener alianzas, dicen que personales, con algunos poderes públicos, por su valía, no por el valor de su filiación.
  • Y sobre todo dar recomendaciones sobre lo que hay que hacer, pero que no sean posibles ejecutarlas y que destruya cualquier otra realizable o en ejecución.

En África, a 8 de mayo del año del kaos.

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