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Ensimismados y amaestrados

Me imaginaba que estaba sentado en el banco de un parque y me quedaba ensimismado por la desenfrenada actividad de una abeja robótica, ella era parte de un destacamento de unas veinte que habían salido de una pequeña caja metalizada que abría un operario, tras levantar el vuelo, él  mismo las monitorizaba con su Tablet. Aquellas abejas no zumbaban, tampoco picaban, de color aluminio triste, quedaban suspendidas en el aire mientras polinizaban las diversas plantas de aquellos jardines. Era ya tan común que nadie prestaba atención alguna, nadie recordaba ya a las abejas, que aún mostraban en algunos parques naturales donde sobrevivían a duras penas.

La empresa Walmart ha presentado este patente bajo el epígrafe de “aviones no tripulados de polinización”. La Universidad de Harvard, Monsanto, otras empresas, universidades y gobiernos también las han desarrollado, en algunos o todos los casos con funciones militares y de información.

Las abejas robot son sólo una muestra y una demoledora realidad del modo en el que nos están amaestrando en las docilidad.

Felices

Es increíble, pero mientras ocurren múltiples injusticias quedamos ensimismados, reducidos a la aceptación de lo que acontece, centrados sólo y únicamente en encontrar una especie de limbo personal donde la felicidad se parezca a la felicidad que contiene el paquete de información que nos muestran y venden cada día, que casi nos insertan en el cerebro.

Me pregunto una y otra vez qué acontece en nuestra sociedad para que permanezcamos impertérritos, pasivos, sumidos en el nadismo, en el nada cambia, acatarrados de ideas e inmóviles, al tiempo que las minorías conscientes pasean su oposición en los límites de los reinvidicodremos autorizados.

Y claro que hay respuestas, pero son respuestas cansinas, agotadoras, muchas de ellas tan frecuentes como recurrentes y fáciles, así escuchamos: ¡El sistema! ¡Los medios! ¡La alineación! ¡Los poderes! ¡Todos son iguales!

Una religión

Tengo la sensación que hemos reconstruido una teología que sitúa a las circunstancias que nos rodean a todos como devenidas, dadas, algo así a lo que expresaban con resignación y ternura nuestros mayores: ¡La voluntad de Dios!

Mientras, nos movemos en la extravagante contradicción de reformar lo que creemos irreformable, que lo es,  pretendemos que, dócilmente, pacíficamente, acepten los cambios que jamás le arrebataremos con un por favor.

Sin embargo, en realidad lo que sucede es que se consolidan y perfeccionan los regímenes y modelos autoritarios y militaristas en el seno de las grandes potencias en todo el mundo, al calor de las grandes corporaciones, en la senda de la agudización y proliferación de conflictos regionales internacionalizados. Se agranda la desigualdad social y se reduce el número de personas que se benefician de las enormes riquezas que se producen en el Planeta. Se burlan de las soberanías de los estados e impiden a las naciones ser Estado.

Es tan absurdo y trágico que mientras en lo tecnológico y científico vivimos en XXI, en los derechos nacionales, en las condiciones socioeconómicas, en los derechos civiles recorremos a la inversa la línea del tiempo, colocándonos en los previos a la Segunda Guerra Mundial. Los derechos de los años 1990 son utopías en 2018.

Además las cambios tecnológicos generalizados en los diversos sectores económicos por venir, que no son para dentro de 20 0 30 años, sino que son ya una realidad y que pueden estar operativos en los próximos cinco años. Se calcula que

800 millones de trabajadores serán reemplazados por robots en 2030, estudio realizado por McKinsey Global Institute. Hablamos de doce años

El estudio elaborado en 46 países afirma que una quinta parte de la fuerza laboral mundial se verá afectada por el avance imparable de la industria de la robótica, especialmente en los países más avanzados y en algunos empleos donde los robots los ocuparán completamente.

Aún así seguimos pensando que todo está previsto y que tendremos más tiempo de ocio y blablablá…

Al final, en puertas de una nueva confrontación con Irán hacemos acto de fe y creemos firmemente que nada ocurrirá fuera de sus fronteras y que si ocurriese no traspasaría las fronteras de mi barrio o de mi edificio.

Tranquilo amigo o amiga, vive en una colonia, pero no hay problema su piso es la república de Ikea.

En África, a 13 de Mayo del Kaos

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