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In memoriam de los hambrientos asimilados del poder y la plata.

 

Para los enemigos de Tindaya:

“Pertenecían estos seres a esa clase bastarda compuesta de personas incultas que han llegado a elevarse y de personas inteligentes que han decaído…”   Victor Hugo

Hace algún tiempo que Tindaya mira e interroga, pregunta sin hacer la más leve mueca en su boca, sin activar sus labios, sin articular sonidos. Mira a los ojos de los canarios y canarias sin abrirlos, no necesita hacerlo. Serenamente fija su atención y nos cuestiona. Se sorprende de la tibieza, del abandono de la memoria, del olvido de los antepasados, los nuestros, también de sus recuerdos perdurables, inmortales, latentes y puros latidos vivos en cada uno de nosotros, pues el hilo invisible recorre siglos y siglos y se enreda entre nuestros dedos.

Naturalezas Muertas

Nunca he creído en las naturalezas muertas, expresión que siempre me ha parecido desacertada. No hay nada  tan vivo como la naturaleza, aunque sea esa roca solitaria y triste en una planicie desértica. A pesar de lo anterior,  bien pensado, se podría aplicar a algunos humanos que, a esos sí se les secan las entrañas, son de naturales muertos de corazón.

Pero Tindaya,  de muerta nada, además sé que dialoga, que conversa y que nos coloca a todos y todas en un dilema.

¿Dejaremos que las conciencias colonizadas que administran la colonia desprecien una vez más los lugares y espacios donde nos reconocemos, donde no enraizamos y albergamos nuestro pasado, presente y futuro?

¿ Permitiremos que conviertan en un  souvenirs los lugares sagrados de nuestros antepasados?

Pienso que Tindaya invita a recomponer el discurso, a reflexionar acerca de si somos capaces de identificarnos como sujetos colonizados,como existencias que han sido fragmentadas, pasajes  de barco para transitar por la vida sin que sepamos el puerto de origen, para evitar que  compongamos nuestro mundo de símbolos y también nuestra realidad material.

Tindaya exige que espantemos toda la bisutería cultural, los prejuicios encriptados en nuestras conciencias habitadas por el colonialismo, para construir nuestra historia, nuestra sociedad y nuestra humanidad en modo libre, abandonemos ese modo avión de papel y hagamos de Tindaya símbolo de resistencia e impulso de nuestras conciencias.

Los hambrientos…

En Tindaya no hay ningún muerto de hambre, los muertos de hambre, esos, están bien acomodados en la calle Primero de Mayo de Puerto del Rosario.

Mis compatriotas en huelga de hambre, ellos y ellas están saciados de generosidad, colmados de energía y de la fuerza inagotable de Tindaya.

En África, a tres de Mayo de año del kaos.

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